Jordi Fàbregas

Músico folk y director del festival Tradicionàrius

FERRAN RIERA

El festival Tradicionàrius de Barcelona llega esta noche a su fin. Para celebrarlo, como es costumbre, el ciclo de música tradicional y popular saldrá a la calle, abandonando las paredes del acogedor Centre Artesà Tradicionàrius (CAT) de Gràcia, donde se instaló hace ya tres meses. Dos grupos suficientemente acreditados entre los aficionados al folk, como son Xarop de Canya y Tarasca-La Cobla del Ball, serán hoy los encargados de clausurar el festival, en la plaza Rius i Taulet.
A pesar de la difícil situación que vive el sector de la música tradicional en Cataluña, Jordi Fàbregas, director del Tradicionàrius, siempre encuentra motivos para sentirse optimista. Aunque el folk se vea olvidado por las instituciones públicas y marginado por la industria discográfica, Fàbregas juzga en términos positivos la evolución del Tradicionàrius: «Hemos conseguido un público fiel, de lo más variado, que conoce y las propuestas que ofrecemos, porque cada vez hay más grupos, se graban más discos y existen más posibilidades de actuar en convocatorias que han surgido siguiendo nuestro ejemplo».

Uno de los principales objetivos de Tradicionàrius es dar cabida a las nuevas generaciones de grupos jóvenes que tratan la música folk de una forma heterodoxa. Para Fàbregas, la evolución es lógica: «De la misma manera que contamos con los grupos más conocidos del sector, el festival también abre sus puertas a las propuestas más frescas, arriesgadas y más fronterizas».

Pero el gran reto que el Tradicionàrius sigue teniendo pendiente es el de la aceptación de la música folk en un plano de igualdad con las otras músicas. Desde su doble condición de gestor y de músico veteranísimo, Jordi Fàbregas ha tenido tiempo de hacerse una idea al respecto: «Aquí no ha pasado como en Galicia o en el País Vasco. En Cataluña, la música tradicional no ha tenido continuidad. El abandono de las zonas rurales y la industrialización por un lado, y la represión política, cultural y lingüística del franquismo por el otro provocaron la ruptura. Esa es la razón por la que todavía hoy cuesta tanto que la gente vuelva a reconocerse en las raíces musicales de su tierra. Por eso hay que destacar el esfuerzo de quienes estos años han recuperado instrumentos, repertorios y danzas, han creado métodos de aprendizaje y han organizado festivales».